April 22nd, 2014
dobleyconhielos

El espíritu

Se trata de un poblado lleno de tierras de secano. Un poblado cubierto de seda ámbar y dorada, seda que titubea con el agrietado lamento del viento. Calles llenas de un vacío cálido y polvoriento. Se trata de un pueblo lleno de aire seco. Se encuentra lejano a cualquier recuerdo, pasado un bosque de colinas azules, cercano a cualquier sueño. De la superficie abrupta y trémula de la tierra brotó este pueblo llano.
Se creía que primero estaba el cielo, ahí no había más que vacío y frío; bajando se llega al terciopelo de las nubes, donde el sentimiento ataca como una plaga, mudando de un color a otro. Si uno profundiza llega al aire, que es invisible pero fuerte. Por último la tierra, y si uno le arranca la piel y mete el brazo dentro, encuentra el alma.
En este pueblo sin nombre ni tiempo, vivían granjeros, maestros, niños y curas. La superficie lisa se rompía con el colmillo del campanario de la iglesia. El pesado silencio gemía con cada campanada, con cada risotada de los niños, con cada ladrido de perro o mugido de vaca.

Decía la leyenda que bajo esas tierras de secano dormía el espíritu. Los niños lo sabían y los ancianos también. El espíritu de todas las cosas, las que existen y las que no; las que pueden ser nombradas y las que no. Cada día, después de comer, las familias aguardaban en la mesa y dedicaban unos minutos a pensar sobre ese espíritu que acariciaba sus pies. Algunos lo imaginaban con brazos y piernas y cabeza, como un hombre. Para otros era un monstruo oscuro y tenebroso. Algunos no le daban forma ni nombre, e imaginaban una corriente de agua clara. Otros pensaban que se trataba de una especie de miel, una sustancia pringosa o aceitosa que se pegaba a la tierra por debajo y salía a la superficie cuando llovía, escupiendo la tierra de sus grietas esas sustancia grumosa. No había nadie que no creyera en la existencia del espíritu, porque la tierra germinaba, los pies podían caminar descalzos por entre las hierbas y sentir su calor y las lombrices se asomaban cubiertas de polvo de oro.


Cada uno tenía su propia imagen en la cabeza, sólo una imagen, como el dibujo de un niño pequeño, sin nombre, sin posibilidad de hallar la palabra que enjaule la inmensidad y complejidad de su esencia, compuesto por la mayor de las inocencias. Los maestros solían mostrarse más escépticos, aseguraban que algo que no puede ser nombrado no merecía la pena de ser estudiado, los hombres pensaban con palabras, no con sueños, los sueños no eran reales, sin embargo las palabras eran la realidad en sí mismas. Aun así nunca negaban la existencia del espíritu, sólo la consideraban inalcanzable y, por lo tanto, inútil.
Un día el alcalde decidió emprender una obra de gran peso. Estaba obsesionado con la muerte y con la inmortalidad que equivale el recuerdo. Se había pasado la vida pensando qué hacer para que su nombre no se perdiera en el tiempo. Ese día lo vio claro: contrataría a todos los obreros que hiciesen falta para taladrar la tierra y encontrar el espíritu. Una vez hallado se lo mostraría al pueblo y después al mundo entero. El espíritu de todas las cosas, el sentido, sería enseñado a todos por mano del alcalde de aquel remoto pueblo lleno de tierras de secano.
A pesar de que no todos estaban de acuerdo, se realizó una votación y la gran idea del alcalde fue aprobada.

La excavación se realizó en un principio bajo el colmillo del campanario de la iglesia. Después de un mes atravesando la encía no encontraron nada. Nadie se desesperó y reemprendieron la obra en el patio de la escuela. Debajo sólo había vacío. Finalmente probaron a taladrar en la plaza mayor. Tras varias semanas empezó a brotar por entre los pedruscos de arcilla petróleo. Nadie esperaba algo así. El pueblo cubierto de seda ámbar y dorada se enriqueció.
Al alcalde se le erigió una estatua en conmemoración. Era el responsable de haber llevado al poblado a la riqueza y la prosperidad del oro. Ese aceite oscuro y negruzco se metamorfoseaba en preciosas casitas, calles nuevas, mejores instalaciones, turismo… La inmortalidad.

Tras varios años el pueblo creció. Debido a la falta de espacio el dinero se comió las tierras de secano, el aire seco, y se construyeron edificios más altos que se comieron hasta el cielo. La llanura del poblado, sólo interrumpida por el colmillo del campanario pasó a llenarse de dientes afilados, como la mandíbula de un tiburón blanco.


Todo el mundo, incluso los ancianos y los niños, olvidaron el espíritu.

Sólo hubo un hombre que no pudo quitarse de la cabeza la idea de qué hubiese ocurrido si el espíritu hubiera sido encontrado. Ese hombre era el alcalde. Se había enriquecido gracias a su hazaña y a la fama, pero, con el paso del tiempo, la comida había pasado a serle insípida, tenía grandes dolores de cabeza, se sentía cansado y se pasaba más tiempo dentro de su cama que fuera. Al principio pensó que no descansaba bien porque tenía un colchón nuevo al que no lograba acostumbrarse, así que recuperó su colchón de paja. Pero su cansancio perduraba. El alcalde no era un hombre ducho en palabras, por lo que tardó en nombrar a su dolencia tristeza.
Un día se despertó sobresaltado después de una pesadilla. En el sueño, sentía que la vida se le escapaba de las manos, como un hilillo de humo amarillo que salía por debajo de sus uñas y se difuminaba sobre su cabeza, por el aire seco.

Decidió encontrar el espíritu. Volvió a obsesionarse con la muerte, pero esta vez no ansiaba la inmortalidad, sino la paz. No sintió resignación hacia la muerte, sino que vio la vida en su estado como una opción irrelevante. El mundo en su inmensidad se había secado y menguado.
Antes de nada consultó a un cura. El religioso le recomendó un vaso de vino y sopa de pan. Fue inútil. Debía encontrar el espíritu. El sentido debía rondar por algún lugar.

Una noche abandonó su casa con una gran bolsa llena de comida y una azada, una pala y un pico, y partió hacia el bosque de colinas azuladas. Penetró la tierra durante toda la noche. Cuando el sol salió y deslumbró sus ojos con su luz mate, vio el foso que había estado haciendo por primera vez. Allí no había nada. Allí no había espíritu. Se sintió decepcionado. Lo dejó todo y se puso a pensar. El alcalde no conocía muy bien las palabras y le costaba trabajo llegar a conclusiones complejas. Al cabo de unas horas creyó que había entendido por qué no estaba allí el espíritu, pero en realidad sólo tenía sed.

Abrió la bolsa y se percató de que estaba llena de comida, pero no había metido ninguna cantimplora. Le ardía la garganta.

Buscó un río. Tras caminar unos kilómetros escuchó el ronroneo de las aguas frotándose contra las rocas. Estaba salvado. Se arrodilló en la arena y vio el reflejo de su cara en la superficie del río. Ahí vio unos ojos, una boca, unos agujeros que tragaban y expulsaban algo invisible pero real. Observó la imperfecta simetría de esa masa de carne que era su rostro. No encontró ninguna palabra que sollozar, ni nadie a quién decírsela al oído. No entendió nada y sin embargo todo estaba más claro. No encontró ningún significado pero sí una cálida paz, cálida como el aire seco que revoloteaba por el pueblo en el pasado.

Bebió agua y se sintió en paz.

April 21st, 2014
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Adiós

La puerta de salida estaba ahí a solo dos pasos míos y empecé a temblar, las flores se marchitarían y se les caerían una a una las hojas, las estanterías se llenarían de polvo, igual que la tina, igual que las botellas que coleccionaba, a mí me temblaban las manos y se me empañaban las gafas porque las lágrimas iban a brotar, pero las retenía aguantando la respiración y apretando los puños para que todo en la casa no fuera a sentir pesar de mí, antes de ponerme en frente de la puerta había dejado la basura apilada en bolsas naranjas marcadas para que las pudieran reciclar, todos los platos de la cocina estaban lavados, secos y puestos en el sitio al que pertenecían, por primera vez vi el baño limpio, boté cada uno de los tarros que había procurado acabar antes, guardé la ropa en dos maletas, pero los zapatos los dejé expuestos igual en la estantería, por primera vez abrí todas las puertas del closet y las dejé así, le puse a la cama tendidos blancos impecables con olor a lavanda y a mi balcón unas flores bellas y vivas que se las iría llevando el viento, antes de irme revisé una y otra vez que las ventanas estuvieran cerradas, las luces apagadas junto con las velas que solía prender todos los días para iluminar un altar que de poco o nada servía, pero que yo decoraba como si cada cosa nueva que le pusiera fuese a hacer que mi vida de repente cambiara y yo, dejara de tener esa cara triste que le empezaba a molestar y dar asco a la gente.


Ahora no pude retener las lágrimas y tuve que quitarme las gafas y limpiarlas, no fuera que se estropearan, el cuello me empezó a picar como pasa cuando me pongo nerviosa o cuando estoy mintiendo, quizá era eso, llevaba años mintiéndome a mí misma y eso ya no me lo podía perdonar, le volví a echar una mirada a todo y cogí la chapa de la puerta temblando, como la primera vez que había entrado, pero ahora para irme, me fallaron las piernas como cuando veo a alguien que mi vida esperaba hace mucho tiempo y entonces me caigo el piso, probablemente después de cruzar esa puerta me volvería a caer y a echarme a llorar.


Abrí la puerta sin nada de equipaje, así uno nace, sin esperarse nada de la vida, ni del tiempo, ni de las casualidades, ni del destino, crucé esa puerta sabiendo que mi corazón se iba a partir en mil, pero también sabiendo que todo lo que se deja atrás por convicción es porque no se necesita más y tanta mierda en el alma es lo que con el tiempo, no deja dormir tranquilo.


Pasé la puerta y la cerré duro, cuando me di la vuelta sabía que ya no tendría tiempo para volver, la había perdido para siempre.

April 6th, 2014
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Escrito entrando al campus de la universidad de Navarra España que es del opus.

Existe un estudiante que se para afuera de los hospitales para hacer “recapacitar” a las mujeres acerca del aborto, ha salido de su boca: deberíamos matar a todas las mujeres que se atreven a abortar.

March 31st, 2014
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Hace poco tuve una reunión con mi asesora para que firmara una hoja donde señalara que estaba de acuerdo con mi aplicación a un Erasmus en Italia, como nunca me había visto aparecer por su oficina, me preguntó intrigada el porqué de mi partida, yo, siendo muy sincera le respondí que en parte me interesaba conocer otra cultura, moverme, por eso me había ido de Colombia, por eso mismo lo haría de España y que por otro lado, estaba en completo desacuerdo con el sistema educativo de la universidad, donde hacen parecer a tontos inteligentes y a gente inteligente completamente tonta, le conté de mis intereses y cómo en un año y medio que llevaba estudiando aquí, jamás había podido hacer un trabajo donde pudieran salir a relucir mis capacidades, por tel contrario, en los examenes me iba como una completa mierda y no lograba subir de un 5 con algo, cuando la nota máxima era un 10, con tono de burla me dijo que tal vez no estudiaba lo suficiente y le dí la razón: mi capacidad de aprendizaje no es tan elevado como el de los estudiantes estrellas que ustedes tienen, no me puedo pasar un mes entero aprendiéndome al pie de la letra 100 hojas de cada materia para vomitarlas textualmente en un final, además de parecerme innecesario y de tener una vida, también lo considero poco competente, mis capacidades no se pueden determinar a partir de mi memoria. No me mueve un sistema que jamás me deja pensar por mi cuenta porque le parece demasiado arriesgado que salga con un punto de vista que ellos no admiten, que consideran inaceptable, poco ético, malo, moralmente incorrecto, impensado, veneno, satánico; unas clases que jamás se plantean el debate y donde nos ponen a realizar un comentario de texto que no exponga nuestro punto de vista porque eso obviamente es pecado.

Le dije que me parecía importantísimo saber la teoría y que nos dieran bases para poder sustentar lo que después realizaríamos, pero, que si una materia se basaba únicamente en llenarnos la cabeza de un montón de datos y no dejarnos hacer nada con eso, tenía una falla y una falla grande, le comenté también cómo estudiaba con un motón de gente que aunque ya estaba a punto de culminar sus estudios no sabía para qué era bueno y vivía angustiado. La mujer convencida, después de interrumpirme cada segundo, concluyó que yo estaba completamente equivocada, que la universidad era solamente para aprender teoría y vomitarla como borregos, le echó la culpa a bolonia por su ineptitud y por la nuestra también y reconoció que este no era mi lugar, pero que tal vez, tampoco merecía irme, porque no podía salir corriendo de un sitio cuando no lo soportaba y que por el contrario, debía aprender de él, si encontraba encajar en esta sociedad, viviría el resto de mis días plenamente, unas personas ejemplares de las que debía aprender y a las que nunca debía cuestionar pues estaban en lo cierto, la resistencia a este mundo malvado eran ellos y yo, con mi curiosidad estaba tentándome a actuar mal y a la vida infeliz, incluso, me dijo que me inconformismo daba pesar, que debía aprender a ser borrego también para triunfar en mi vida y claramente, para sacar notas altas que esta universidad reconociera, era tonta y debía arreglarlo porque para experimentar ya tendría mucho tiempo y por qué malgastarme cuando aquí me estaban enseñando cómo pensar correctamente, alucinante el discurso de esta mujer y al finalizar como para no quedar en malos términos, hablamos de viajes y de lo poco que nos había gustado Amsterdam, después me hizo una mueca de asco y me dijo que ojalá pudiera irme, de lo contrario ya tendría que arreglármelas de otra forma.


Después de que me aceptaron en la universidad en Italia, tenía que volver a sentarme con ella para mirar qué tipo de materias quería convalidar durante mi estancia allí, después de 4 correos, explicándole que la necesitaba porque su autorización era indispensable, no obtuve ninguna respuesta, ni siquiera para decirme “eres una puta inadaptada, no te asesoraré”, tuve que cambiar de profesora y quedarme callada con lo que pensaba de este pésimo sistema educativo, que me hace parecer una tonta, y quien sabe, puedo serlo, pero los que aquí enaltecen como brillantes, que nunca en su vida han cogido un libro y que olvidan todo al día siguiente de haberlo aprendido, no lo son menos que yo.

Días después me la encontré en el pasillo de la universidad y me agachó la cabeza para no saludarme ni dirigirme la palabra, lo que me dio risa y me hizo sentir como una persona completamente indeseable en un sitio que no promueve nada, que solo espera estudiantes borregos que asiente con voluntad ante todo lo ridículo y mediocre que puede ser esto.

March 25th, 2014
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Como por si fuera poco, cuando le rompen el corazón a uno no lo hacen desde un primer piso sino desde un rascacielo.
March 18th, 2014
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February 25th, 2014
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Si va a comer

Para el momento de comer lávese bien las manos y la conciencia, no se siente con alguien que odie o que quiera matar, piense que tiene cuchillo y tenedor a la mano. Si va a comer solo, recuerde que no es un animal, por lo menos no en definición y hágalo decentemente, si tiene camisa blanca evite el vino, el labial rojo y los mocos de los niños, si está a dieta póngase un vestido muy estrecho que le recuerde por qué la hamburguesa es mala y la lechuga buena aunque esta última sea más desagradable que su ex, no suene el plato ni su nariz y por último, cuando se pare de la mesa, deje todo limpio como el buen asesino después del crimen.

February 24th, 2014
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cicatrices 2

A los 12 años llegó mi interés por el suicidio y la preocupación de mi madre cuando me refería a él, le preguntaba insistentemente de qué se trataba y por qué no podíamos tener una pistola en los cuartos o cianuro mezclado en botellas para cuando yo me sintiera angustiado, ella espantada, en un principio intentó explicarme que nadie debía querer acabar con su vida, sin bastarme esto, me llevó donde un cura gordo, de manos grandes y arrugadas que me dijo con voz gruesa e intimidante que el suicidio era pecado, la vida me la había regalado Dios y era él quien podría disponer de ella, sin importar todos los inconvenientes que me pusiera, yo debía soportarlos porque el tiempo de Dios era perfecto y maravilloso. A mí el tipo me pareció un inepto mentiroso y su pecado una verdadera mierda. La historia del cura no fue muy creíble, nunca llegó a entrarme por completo, pero definitivamente sí sirvió para asustarme, me daba miedo el hecho de que un hombre fuerte, rabioso y justiciero me hiciera más daño del que yo me había hecho sencillamente por venganza, debía ser alguien odioso y demasiado fuerte, me lo imaginaba como un Zeus, así de promiscuo y colérico. El cura me había asustado y la palabra suicidio seguía rondando en mi cabeza, pero ya como algo malo, muy malo, que no debía invocar porque entonces una furia de los cielos llegaría y me destruiría sin más. Tal vez no había vuelto a insistir con la muerte porque decían que después de ella quedaba una forma más de existencia, y a mí me producía náuseas solo pensar que tuviera que seguir sintiendo angustiado sin cuerpo, el alma era basura.


Era alérgico a todos los pelos que desprendieran los animales, pero al no tener hermanos mi madre y mi terapeuta decidieron que era buena idea que conviviera con otro ser vivo, ya que las amistades no se me daban muy bien, se decidió que sería una tortuga, las tortugas no me llamaban la atención, sin embargo, me parecía interesante cómo a ellas les podía importar tan poco la existencia, vivían todo el tiempo en su casa, no necesitaban hablar con nadie y solo comían y dormían, mi mamá me la regaló en una caja de cristal, con unas piedras por donde ella caminaba y nada más, al principio me pareció nefasto que viniera a mí así, luego pensé que le daría igual y llegué a envidiarla. Algún día estuve muy aburrido y decidí que la tortuga necesitaba un baño, preparé todo, le hacía preguntas intermitentes sobre si le gustaba el agua, el jabón, las esponjas, yo le respondía que a mí sí y empecé de nuevo con toda esta historia del dolor; el animal me miraba extrañado, con miedo, con sus ojos pequeños y perdidos en manos de su enemigo que le envidiaba, ese día descubrí que la imagen de Dios que me había hecho días antes la podía reencarnar con ella. Abrí la llave lo más fuerte que pude, la tenía sostenida con mis manos bien debajo del tubo, la potencia del agua era tanta que le bajé su cabeza, la decapité y me entró un miedo horrible, empecé a gritar y a darme contra las paredes, parecía que convulsionaba, dejé tirada su cabeza en el lavamanos y su cuerpo en el suelo. Mi madre corrió a mí y me detuvo, miró horrorizada la escena y luego volteó a mí teniéndome miedo, mientras yo lloraba descontroladamente y le decía que había matado, que ahora ese Dios vengativo y fuerte me condenaría hasta después de la muerte y me haría sufrir, entonces vino a mí una historia que había leído hacía poco, Zeus con toda su ira condenó a Prometeo, lo encadenó a un árbol con ayuda de Hefesto y todos los días llegaba un águila a comérsele el hígado, siendo este inmortal, su hígado volvía a crecerle cada noche, pero el águila volvía a comérselo en las mañanas. Así actuaría Dios conmigo, había cometido un pecado y el horror llegó a mí tanto que terminé en el piso con la cabeza abierta y el cuello dañado. Al día siguiente mi madre me explicó que hay vidas más valiosas que otras, que no había matado porque quería y que ese ser era inferior a mí, no entendí nunca, ¿todo lo que me era inferior podía matarlo?


En fin, el tipo de la coca ha llega de nuevo, debo abrirle la puerta.