July 14th, 2014
dobleyconhielos
She’s mad, but she’s magic.
There’s no lie in her fire.
I loved you, like a man loves a woman he never touches,
Only writes to, keeps little photographs of.
Charles Bukowski Love is a Dog From Hell (via rusol)
Reblogged from أهلا وسهلا
June 9th, 2014
dobleyconhielos

Todos mis dioses ya han muerto

Cada vez que leo tanto biografías como libros de gente muerta me viene a la cabeza ese escritor como genio, como dios que todo lo podía y que nadie superaba, sumergidos muchos en el fracaso en vida, pero triunfo en muerte y otros, ensalzados en la gloria de aquellos años en que ser escritor era todo un estilo de vida, era ser una celebridad, los famosos de la época. La decadencia de este oficio hoy por hoy hace que libros carentes de sentido lleguen a ser best seller y que el autor muchas veces quede en el anonimato, a nadie le importa quién lo escribió porque ahora cualquiera cree poder hacerlo y con suerte, ese que cree poder hacerlo, consigue el tan anhelado éxito.

El escritor, el intelectual, el karma de una familia, el que muchas veces pasó hambre antes de glorificarse, pero que nunca se quedó quieto, el borracho y cocainómano, el que vivía tan ensimismado y angustiado que recurría al suicidio, el escritor de clínica psiquiátrica y alucinaciones, ese mismo que creía en el mundo que ponía en sus libros como única y absoluta realidad, que veía en París una cuna para su inspiración, que lo aplastaron editoriales y que vivió mucho tiempo de publicaciones pequeñas, tal vez por eso ahora Kim Kardashian es primera plana en cientos de revistas y periódicos o el mundo se escandaliza cuando Rihanna muestra sus pezones, o cualquier político sube borracho a dar un discurso, a nadie le interesa la vida de Paula Coelho, aunque se venden más copias de sus libros que pan en el mundo.

Hace poco visité la feria del libro en Pamplona y como me lo esperaba eran contados 10 estantes que se peleaban la venta de 50 shades of grey ¿quién escribió ese libro? ¿su fanaticada tendrá idea? Personalmente lo que me mueve a leer a un autor es su biografía, el amarillismo que más me gusta consumir está en la vida y en los libros de estos escritores que me siguen pareciendo dioses y que seguramente lograrán perdurar más en el tiempo que muchos de los wannabe famosos del momento. El ego del escritor está cayendo en un pozo desde que los libros de autoayuda están en la cumbre y da pesar porque deben existir en el mundo muchos Zelda Y Scott que jamás serán publicados mientras toda la atención se la lleve Justin Bieber.


Me decía un amigo que le parecía correcto que en este siglo la función del escritor fuera terrenal y no endiosada, pero si a muchos les llena la iglesia y la Biblia, a mí los escritores y sus libros, por eso me quedo con todos aquellos que están muertos y espero, que si el infierno fue su suerte, yo caiga allá para penar con ellos.

May 18th, 2014
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Colombia tierra querida

Ayer mientras estaba de fiesta, un tipo español me dijo casi echándose a llorar “lástima que seas colombiana” y eso me quedó sonando en la cabeza junto con la resaca. Colombianos de mierda, país de mierda y sí, muy alejados de la realidad no están. Cuando escucho a alguien decir, solo espero graduarme para largarme de aquí, mi diablito interior se ríe, que te vayas de Colombia no quiere decir que dejes de ser colombiano y ahí, justamente ahí, en ese pasaporte tercermundista, en la fila exclusiva y eterna de los aeropuertos para entrar a algún país, en la mirada de asco que te tiran algunos cuando les dices de dónde eres, ahí radica todo el problema.

Escuché alguna vez a la madre de una amiga referirse a mí como “la colombiana narcotraficante esa”, también me han preguntado si en en Colombia hay edificios, si existe el agua potable, si soy becada porque es imposible que estudie aquí y que si las empleadas de ellos son colombianas, entonces las de nosotros de dónde son, y eso que me ha ido bien porque como todos me dicen, no parezco colombiana y qué suerte, porque de lo contrario jamás me hubiesen hablado.

Uno aprende a no poner atención, a decir sí ya sé que no parezco colombiana y no, ni mis abuelos ni bisabuelos son españoles, es más, jamás han estado en Europa.

La imagen que tenemos afuera es marca registrada desde adentro, nos creemos una mierda, nos ven como una mierda y terminamos siendo una mierda, pero la verdad es que cuando uno se va, se muere cuando en cualquier roto encuentra unas arepas, uno llama a la empleada a preguntarle cómo se hacen unas empanadas y uno se emociona cuando alguien le dice que conoce Colombia y que le pareció increíble.

Me queda muy claro que si algún día consigo otra nacionalidad será porque esto de pedir visa hasta para entrar al baño y además tener que decir cómo se caga, cuánto se caga y por qué se caga para que lo dejen a uno residir es frustrante, humillante, fatal, pero no porque quiera dejar de ser colombiana, pero es que si abro la boca y me delato completica, me encanta el aguardiente, mi papá es un amante del campo y del pueblo, mis grandes amigos están allá, mis historias más memorables están allá, yo no puedo dejar de ser colombiana.

No me canso de explicarle a la gente los problemas de Colombia, yo no los desconozco, se me hace un nudo en la garganta cada vez que nos damos un nuevo golpe, me indigno como todos y a veces pienso que no tenemos salida ni solución, pero seguimos vivos y mientras eso, todo puede pasar.


A la final irse del país no soluciona nada, uno no deja de sentirse triste por lo que pasa, uno vivió allá y esa vida siempre le queda, uno no puede dejar de ser colombiano y esa es nuestra cruz.

May 10th, 2014
dobleyconhielos
I feel certain I am going mad again. I feel we can’t go through another of those terrible times. And I shan’t recover this time. I begin to hear voices, and I can’t concentrate. So I am doing what seems the best thing to do. You have given me the greatest possible happiness. You have been in every way all that anyone could be. I don’t think two people could have been happier till this terrible disease came. I can’t fight any longer. I know that I am spoiling your life, that without me you could work. And you will I know. You see I can’t even write properly. I can’t read. What I want to say is I owe all the happiness of my life to you. You have been entirely patient with me and incredibly good. I want to say that everybody knows it. If anybody could have saved me it would have been you. Everything has gone from me but the certainty of your goodness. I can’t go on spoiling your life any longer. I don’t think two people could have been happier than we have been.
Virginia Woolf
April 27th, 2014
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Y cuando ella despertó, él ya no estaba ahí y no iba a volver porque se lo había llevado la muerte.
April 24th, 2014
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El nervio

He despertado súbitamente en un lugar distinto que no me es desconocido. He mirado por la ventana y llovía, una lluvia ligera y fina.

No puedo hablar. Miro las cosas que me rodean, las toco, y no siento más que una pesada sensación de tristeza.

El cristal de la ventana está sucio y muestra un día sucio. Se me han escapado las palabras y tengo miedo de hablar porque siento que sonará un ruido muy extraño que me dejará aturdido. Como el feroz gruñido de un lobo.

Mi corazón se ha visto invadido por dos absurdos: una entregada compasión por todo lo que existe, y una resignación fatal hacia el existir.

Me da miedo dar un paso y dejar marcada para siempre mi huella en el camino.

El deseo del silencio se apodera de mi cuerpo. Al rato sólo escucho el latir del corazón; siento cómo arden las venas cuando la sangre circula turbulenta dentro de ellas.

Pierdo fuerza en las manos, en las piernas… Mis músculos están relajados pero a la vez muy cansados.

Todo lo que parece en orden y armonía concentra su caos. Una presencia casi demoníaca ha entrado en mí. Todo se ha vuelto difuso, sucio e incomprensible.

El silencio es lo único que calma la agonía. Me siento alejado de todo y sin embargo pegado por completo al mundo. No puedo ni despegar los pies del suelo.

Ha sido un pequeño momento, insignificante en los años vividos, en el que la vida me ha pertenecido. La he sentido mía.

Ahora se me escapa. Se me escapa. Se me escapa. Y ya no está.

April 22nd, 2014
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El espíritu

Se trata de un poblado lleno de tierras de secano. Un poblado cubierto de seda ámbar y dorada, seda que titubea con el agrietado lamento del viento. Calles llenas de un vacío cálido y polvoriento. Se trata de un pueblo lleno de aire seco. Se encuentra lejano a cualquier recuerdo, pasado un bosque de colinas azules, cercano a cualquier sueño. De la superficie abrupta y trémula de la tierra brotó este pueblo llano.
Se creía que primero estaba el cielo, ahí no había más que vacío y frío; bajando se llega al terciopelo de las nubes, donde el sentimiento ataca como una plaga, mudando de un color a otro. Si uno profundiza llega al aire, que es invisible pero fuerte. Por último la tierra, y si uno le arranca la piel y mete el brazo dentro, encuentra el alma.
En este pueblo sin nombre ni tiempo, vivían granjeros, maestros, niños y curas. La superficie lisa se rompía con el colmillo del campanario de la iglesia. El pesado silencio gemía con cada campanada, con cada risotada de los niños, con cada ladrido de perro o mugido de vaca.

Decía la leyenda que bajo esas tierras de secano dormía el espíritu. Los niños lo sabían y los ancianos también. El espíritu de todas las cosas, las que existen y las que no; las que pueden ser nombradas y las que no. Cada día, después de comer, las familias aguardaban en la mesa y dedicaban unos minutos a pensar sobre ese espíritu que acariciaba sus pies. Algunos lo imaginaban con brazos y piernas y cabeza, como un hombre. Para otros era un monstruo oscuro y tenebroso. Algunos no le daban forma ni nombre, e imaginaban una corriente de agua clara. Otros pensaban que se trataba de una especie de miel, una sustancia pringosa o aceitosa que se pegaba a la tierra por debajo y salía a la superficie cuando llovía, escupiendo la tierra de sus grietas esas sustancia grumosa. No había nadie que no creyera en la existencia del espíritu, porque la tierra germinaba, los pies podían caminar descalzos por entre las hierbas y sentir su calor y las lombrices se asomaban cubiertas de polvo de oro.


Cada uno tenía su propia imagen en la cabeza, sólo una imagen, como el dibujo de un niño pequeño, sin nombre, sin posibilidad de hallar la palabra que enjaule la inmensidad y complejidad de su esencia, compuesto por la mayor de las inocencias. Los maestros solían mostrarse más escépticos, aseguraban que algo que no puede ser nombrado no merecía la pena de ser estudiado, los hombres pensaban con palabras, no con sueños, los sueños no eran reales, sin embargo las palabras eran la realidad en sí mismas. Aun así nunca negaban la existencia del espíritu, sólo la consideraban inalcanzable y, por lo tanto, inútil.
Un día el alcalde decidió emprender una obra de gran peso. Estaba obsesionado con la muerte y con la inmortalidad que equivale el recuerdo. Se había pasado la vida pensando qué hacer para que su nombre no se perdiera en el tiempo. Ese día lo vio claro: contrataría a todos los obreros que hiciesen falta para taladrar la tierra y encontrar el espíritu. Una vez hallado se lo mostraría al pueblo y después al mundo entero. El espíritu de todas las cosas, el sentido, sería enseñado a todos por mano del alcalde de aquel remoto pueblo lleno de tierras de secano.
A pesar de que no todos estaban de acuerdo, se realizó una votación y la gran idea del alcalde fue aprobada.

La excavación se realizó en un principio bajo el colmillo del campanario de la iglesia. Después de un mes atravesando la encía no encontraron nada. Nadie se desesperó y reemprendieron la obra en el patio de la escuela. Debajo sólo había vacío. Finalmente probaron a taladrar en la plaza mayor. Tras varias semanas empezó a brotar por entre los pedruscos de arcilla petróleo. Nadie esperaba algo así. El pueblo cubierto de seda ámbar y dorada se enriqueció.
Al alcalde se le erigió una estatua en conmemoración. Era el responsable de haber llevado al poblado a la riqueza y la prosperidad del oro. Ese aceite oscuro y negruzco se metamorfoseaba en preciosas casitas, calles nuevas, mejores instalaciones, turismo… La inmortalidad.

Tras varios años el pueblo creció. Debido a la falta de espacio el dinero se comió las tierras de secano, el aire seco, y se construyeron edificios más altos que se comieron hasta el cielo. La llanura del poblado, sólo interrumpida por el colmillo del campanario pasó a llenarse de dientes afilados, como la mandíbula de un tiburón blanco.


Todo el mundo, incluso los ancianos y los niños, olvidaron el espíritu.

Sólo hubo un hombre que no pudo quitarse de la cabeza la idea de qué hubiese ocurrido si el espíritu hubiera sido encontrado. Ese hombre era el alcalde. Se había enriquecido gracias a su hazaña y a la fama, pero, con el paso del tiempo, la comida había pasado a serle insípida, tenía grandes dolores de cabeza, se sentía cansado y se pasaba más tiempo dentro de su cama que fuera. Al principio pensó que no descansaba bien porque tenía un colchón nuevo al que no lograba acostumbrarse, así que recuperó su colchón de paja. Pero su cansancio perduraba. El alcalde no era un hombre ducho en palabras, por lo que tardó en nombrar a su dolencia tristeza.
Un día se despertó sobresaltado después de una pesadilla. En el sueño, sentía que la vida se le escapaba de las manos, como un hilillo de humo amarillo que salía por debajo de sus uñas y se difuminaba sobre su cabeza, por el aire seco.

Decidió encontrar el espíritu. Volvió a obsesionarse con la muerte, pero esta vez no ansiaba la inmortalidad, sino la paz. No sintió resignación hacia la muerte, sino que vio la vida en su estado como una opción irrelevante. El mundo en su inmensidad se había secado y menguado.
Antes de nada consultó a un cura. El religioso le recomendó un vaso de vino y sopa de pan. Fue inútil. Debía encontrar el espíritu. El sentido debía rondar por algún lugar.

Una noche abandonó su casa con una gran bolsa llena de comida y una azada, una pala y un pico, y partió hacia el bosque de colinas azuladas. Penetró la tierra durante toda la noche. Cuando el sol salió y deslumbró sus ojos con su luz mate, vio el foso que había estado haciendo por primera vez. Allí no había nada. Allí no había espíritu. Se sintió decepcionado. Lo dejó todo y se puso a pensar. El alcalde no conocía muy bien las palabras y le costaba trabajo llegar a conclusiones complejas. Al cabo de unas horas creyó que había entendido por qué no estaba allí el espíritu, pero en realidad sólo tenía sed.

Abrió la bolsa y se percató de que estaba llena de comida, pero no había metido ninguna cantimplora. Le ardía la garganta.

Buscó un río. Tras caminar unos kilómetros escuchó el ronroneo de las aguas frotándose contra las rocas. Estaba salvado. Se arrodilló en la arena y vio el reflejo de su cara en la superficie del río. Ahí vio unos ojos, una boca, unos agujeros que tragaban y expulsaban algo invisible pero real. Observó la imperfecta simetría de esa masa de carne que era su rostro. No encontró ninguna palabra que sollozar, ni nadie a quién decírsela al oído. No entendió nada y sin embargo todo estaba más claro. No encontró ningún significado pero sí una cálida paz, cálida como el aire seco que revoloteaba por el pueblo en el pasado.

Bebió agua y se sintió en paz.

April 21st, 2014
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Adiós

La puerta de salida estaba ahí a solo dos pasos míos y empecé a temblar, las flores se marchitarían y se les caerían una a una las hojas, las estanterías se llenarían de polvo, igual que la tina, igual que las botellas que coleccionaba, a mí me temblaban las manos y se me empañaban las gafas porque las lágrimas iban a brotar, pero las retenía aguantando la respiración y apretando los puños para que todo en la casa no fuera a sentir pesar de mí, antes de ponerme en frente de la puerta había dejado la basura apilada en bolsas naranjas marcadas para que las pudieran reciclar, todos los platos de la cocina estaban lavados, secos y puestos en el sitio al que pertenecían, por primera vez vi el baño limpio, boté cada uno de los tarros que había procurado acabar antes, guardé la ropa en dos maletas, pero los zapatos los dejé expuestos igual en la estantería, por primera vez abrí todas las puertas del closet y las dejé así, le puse a la cama tendidos blancos impecables con olor a lavanda y a mi balcón unas flores bellas y vivas que se las iría llevando el viento, antes de irme revisé una y otra vez que las ventanas estuvieran cerradas, las luces apagadas junto con las velas que solía prender todos los días para iluminar un altar que de poco o nada servía, pero que yo decoraba como si cada cosa nueva que le pusiera fuese a hacer que mi vida de repente cambiara y yo, dejara de tener esa cara triste que le empezaba a molestar y dar asco a la gente.


Ahora no pude retener las lágrimas y tuve que quitarme las gafas y limpiarlas, no fuera que se estropearan, el cuello me empezó a picar como pasa cuando me pongo nerviosa o cuando estoy mintiendo, quizá era eso, llevaba años mintiéndome a mí misma y eso ya no me lo podía perdonar, le volví a echar una mirada a todo y cogí la chapa de la puerta temblando, como la primera vez que había entrado, pero ahora para irme, me fallaron las piernas como cuando veo a alguien que mi vida esperaba hace mucho tiempo y entonces me caigo el piso, probablemente después de cruzar esa puerta me volvería a caer y a echarme a llorar.


Abrí la puerta sin nada de equipaje, así uno nace, sin esperarse nada de la vida, ni del tiempo, ni de las casualidades, ni del destino, crucé esa puerta sabiendo que mi corazón se iba a partir en mil, pero también sabiendo que todo lo que se deja atrás por convicción es porque no se necesita más y tanta mierda en el alma es lo que con el tiempo, no deja dormir tranquilo.


Pasé la puerta y la cerré duro, cuando me di la vuelta sabía que ya no tendría tiempo para volver, la había perdido para siempre.